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Dios
desea que la Obra se extienda por todo el mundo. Don Josemaría lo sabe. Por eso
se lanza a una aventura emocionante y difícil: descubrir a las personas que
Dios quiere para su Obra.
Un
día repasa nombres de antiguos compañeros y se acuerda de Isidoro Zorzano.
Hace años que no le ha visto, aunque se han cruzado cartas en diversas
ocasiones. Por ellas sabe que trabaja en Málaga. Hoy le escribe, diciendo: “Isidoro,
no dejes de verme cuando vengas a Madrid; tengo que contarte cosas que pueden
interesarte.”
Pasan
los meses. Don Josemaría camina por la calle y ve venir hacia él a una persona que conoce:
¡Es Isidoro! Se dan un fuerte abrazo y marchan a
casa.
Isidoro le cuenta que siente que Dios le
pide más y no sabe qué es. Don Josemaría le habla de la Obra. Mientras Isidoro
oye sus palabras, el Señor le va descubriendo que es eso lo que quiere de él.
Poco después, Isidoro decide pertenecer al Opus Dei.
Poco
a poco don Josemaría conoce a varios jóvenes y se reúne con ellos donde
puede. Unas veces en una chocolatería. Otras, en un parque. Casi siempre en su
propia casa. Les anima a tratar a Jesucristo y a invitar a las
reuniones a otros amigos y compañeros con
deseos de mejorar y de llenar el mundo de espíritu cristiano.
Doña Dolores
les ofrece lo que, con esfuerzo, ha
podido guardar para la merienda. Más tarde, Santiago, que ya tiene quince años,
llega hambriento del colegio. Al ver que en la cocina y en la despensa no queda
nada, se queja diciendo:
—Los
chicos de Josemaría se lo comen todo.
Si
quieres saber más busca la página siguiente:
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San
Josemaría
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de un sí
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de contacto:
Correo electrónico: jpmartinez@atenet.edu
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